"se dice de mi"

“Igual pasó con Juan Recce, un especialista en prospectiva, hombre del peronismo y con llegada directa al papa Francisco, quien en junio presentó su renuncia “por razones personales” a su cargo como subdirector de Inteligencia Criminal”

GACETA MERCANTIL – El ministerio de Seguridad está en “estado de sitio”, aseguran por lo bajo fuentes de esa cartera. Una controvertida agenda de gestión pone a la cartera que realmente conduce Sergio Berni de nuevo en el ojo de la tormenta, mientras la presidenta Cristina Fernández de Kirchner atiza el fuego con advertencias sobre complots en su ausencia.

“Esta película se llama ‘La suma de todos miedos’”, define una fuente de Balcarce 50. “Inflación, desocupación, caída de las reservas, ley de abastecimiento, paros, cortes de ruta y saqueos… y para contenerlos tenemos a Batman y Robin, el ruso (ministro de Economía, Axel) Kicillof y Berni, que se cree Rambo. A todo le mete helicópteros, perros y camiones hidrantes y, ahora, gendarmes ‘carancho’”, remata la fuente, que ya se define como integrante del peronismo “híbrido”: “Naranjas, medio amarillos y con un + en el corazón”.

Berni tiene “freezadas” todas las estructuras del Ministerio y centralizaba, hasta hace poco, todo el poder junto a su mano derecha, Roberto Galeano, el hombre de barba blanca que se hizo famoso recientemente y a quien los que no lo quieren bautizaron “el Rasputín de Berni”.

Galeano y Berni eran compañeros en el Ejército y tejieron una entrañable amistad en el Sur construyendo cabañas, cuentan en aquella devaluada fuerza armada.

En Seguridad sostienen que Gelli, la sede principal del Ministerio, es una fachada. Ahí trabaja la ministra María Cecilia Rodríguez, que cumple un rol administrativo, más después de las escuchas que involucraban a su hermano, Diego, en un turbio negocio de supuesto lavado de dinero de Lázaro Báez.

El poder está en las oficinas de la calle Azopardo, donde Berni tiene su búnker. “Ahí se cocinan las puestas en escena, es el NetFlix de Berni”, cuentan las “gargantas profundas” de Seguridad, que naturalmente hablan porque quedaron afuera del juego del controversial secretario del ramo.

Con luz verde de la Casa Rosada, y bendecido por la Ley Antiterrorista, Berni inició el 2014 vestido con el traje de comando. Si Néstor Kirchner consiguió copar la calle con las organizaciones sociales y piqueteras, a Cristina le quedó una etapa menos épica: la de evitar que los conflictos se desborden. Así, la bandera histórica de no reprimir la protesta social, con Berni mutó y ahora hay protestas reprimibles, más de acuerdo con el paladar de los sectores medios.

Las sobreactuaciones del secretario de Seguridad rápidamente fueron despejando los estorbos. “Primero fue Nilda (Garré), luego (Arturo) Puricelli y finalmente las estructuras internas del Ministerio de Seguridad”, remarcan los desplazados. Los conocedores del rubro explican que los delitos “comunes” y “el orden público” le fueron ganando terreno a los delitos complejos, relegando a la mínima expresión al narcotráfico, la trata de personas y el lavado de activos.

Siempre bajo las barbas de Galeano se fueron gestando las distintas maniobras. El primer operativo fue sacar de la escena a Miguel Robles, el hombre de investigaciones de Garré; luego a Gustavo Sibilla, el dueño del lápiz que cerraba las cuentas; después a Graciela Caamaño… y sigue la lista.

Cuando Berni remarca que en su gestión borró a los corruptos, no hay manera de no entender que alude a los empleados que trabajaban a las órdenes de Raúl Garré, hermano y ex jefe de Asesores que debió renunciar antes de que lo hiciera la ministra.

Los autoexilios técnicos no se hicieron esperar. La renuncia del secretario del Consejo de Seguridad Interior, el radical Mauro Vega, “fue porque se oponía a la redistribución de fuerzas federales en el conurbano abandonando las fronteras”, sostienen otras fuentes del Ministerio.

Igual pasó con Juan Recce, un especialista en prospectiva, hombre del peronismo y con llegada directa al papa Francisco, quien en junio presentó su renuncia “por razones personales” a su cargo como subdirector de Inteligencia Criminal. Para él, al igual que para Vega, el trasfondo fue su desacuerdo en redirigir el esfuerzo de la seguridad federal “del combate al narcotráfico y la trata de personas a la protesta social y gremial”, explican.

Sin técnicos especializados ni cuadros políticos moderados, Berni consiguió descabezar el Ministerio y mantiene a su personal en “estado de sitio”.

Sucede que la agenda apocalíptica de Cristina prevé más tomas de tierras y cortes de ruta, “y eso requiere de más centralidad en la toma de decisiones y menos rigurosidad técnica”, reflexionan los expertos. Para Cristina éste es el escenario de los próximos meses: “Cuando uno se acerca a diciembre, uno siente que hay como una cosa que aletea en el aire, como crear un clima de que las cosas están horribles, de que son espantosas y demás”.

Para el diputado Edgardo Depetri, jefe del Frente Transversal, son “los mismos dirigentes sindicales que a fin de año van a promover los saqueos y van a tratar de hacer un nuevo paro”. De ahí que la nueva trama del mal encuentre a las empresas, los sindicatos y los trabajadores en un mismo bando.

“Los empresarios a un lado y los gremios de otro. Para los primeros esta la ley de abastecimiento, para los segundos la ley antiterrorista”, interpreta un alto dirigente de la UIA. “Quemaron todos los cartuchos: los medios, el campo, la justicia, los gremios, los industriales, ¿ahora qué?”

El relato tiene coherencia. “Los sectores de izquierda son la mano de obra para desestabilizar el país”, advertía Depetri, y para ello está Berni, no Carlos Tomada. La diferencia, sostienen los consultados, es que con los cortes y los saqueos “se puede escapar un tiro”, con la ley de medios y con el campo no.

Berni tiene la venia de la Rosada para conservar la estabilidad y la autoridad del Ejecutivo a como dé lugar. Ni las balas de Horacio Verbitsky, ex sostén de Garré, parecen hacerle mella. Berni no es Puricelli y ya se mide “distintos trajes frente al espejo”, advierten sus allegados.

 

http://www.gacetamercantil.com/notas/61838/

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